Hicoteas: entre la tradición, el consumo y el comercio ilegal

Para Medardo Rojas* degustar el incomparable sabor de una hicotea en Semana Santa no tiene precio.  Participar en el sacrificio de las que comparte con sus familiares en el patio de su casa es una tradición que, dice, no cambia por nada. Para él es un momento único que ha marcado su vida por años.

Acompañada de arroz de frijolito, ensalada de remolacha con zanahoria, bollo limpio y mote de palmito amargo es un plato típico que no puede faltar en la mesa de muchos sucreños en esta temporada santa. Pero en este tiempo también hay debate entre la tradición, el consumo y su comercialización ilegal.

En lo que va del año a Carsucre le han llegado más de mil 300 hicoteas decomisadas. Las capturas sobrepasan el millón al año.

Miles de hicoteas son extraídas de su hábitat natural para ser vendidas principalmente en la Costa. Desde enero hasta abril su comercialización registra un aumento considerable, según estadísticas de la Corporación Autónoma Regional de Sucre (Carsucre).

La quema de playones, trasmallos cargados de anzuelos que son lanzados en las ciénagas y lanzas con punta de hierro que las buscan en el fango a través del sonido que se deriva del golpe con su caparazón son los métodos más usados para su captura.

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Las hicoteas incautadas por la Policía y que llegan a la Corporación Autónoma Regional de Sucre (Carsucre) son liberadas en zonas alejadas de la población en las ciénagas de la Mojana para evitar su recaptura.

 

Comercio establecido

La mayor demanda está en Barranquilla, Cartagena, Montería y gran parte de Sucre. Por las vías a esas ciudades generalmente viajan dentro de costales fuertemente sujetados para desviar la atención de las autoridades, pero con su movimiento desesperado piden aire y libertad.

En Sucre, las más grandes incautaciones ocurren en las vías a la Mojana –San Benito, San Marcos y Caimito–, pues su procedencia son los humedales de esas subregiones.

Menos incautaciones

Marlon Acevedo Barrientos, jefe de Policía Ambiental en Sucre, aunque no precisó cifras sobre las incautaciones en el año, afirma que han disminuido en comparación con los anteriores. Recordó que en un operativo en el 2010 se incautaron más de 3 mil hicoteas en la Villa de San Benito.

Una vez incautadas, el traficante es capturado y los animales quedan a disposición de Carsucre o Corpomojana.

Según la Policía Ambiental, una hicotea está tasada en 7 salarios mínimos mensuales. Los traficantes les dan un valor de 20 o 30 mil pesos en su comercialización.

Según Alejandro Zamora Guzmán, coordinador del Proyecto de Fauna de Carsucre, las hicoteas que llegan vivas a la entidad se devuelven a su hábitat natural, especialmente, en Puerto Franco, en Galeras.

¿Y las garantías?

Pero ¿qué garantías existen para que estas no vuelvan a ser extraídas?. “En los procesos de liberación planteamos unos dispositivos especiales alquilando botes para liberarlas en zonas alejadas de los centros poblados y con un hábitat adecuado”, explica.

Aunque se requieren estudios más profundos, un impacto que ha generado la captura de hicoteas es la disminución de su tamaño.

En la mayoría de los casos se capturan hicoteas de menos de 20 centímetros de largo, dice Zamora. Es posible que si se les permite un crecimiento completo puedan alcanzar los 30 centímetros.

“Esta situación traduce que probablemente se le está negando la posibilidad de que se registren nuevas posturas de huevos y por ende, hacia un corto y mediano plazos, se estarían viendo disminuciones significativas de la población”, advierte.

Vulnerable

Este fenómeno tiene a la especie en la categoría de amenaza en estado vulnerable, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Sin embargo, la riqueza natural de la Mojana, que trae consigo una interesante oferta del recurso, puede ser la causa de que sus captores “crean que hay hicoteas pa’ rato”, pues, según Zamora, aún no se evidencia una disminución considerable de la población.

En estudio

En estos momentos el Gobierno nacional adelanta estudios preliminares de la población para determinar si está lo suficientemente saludable para su aprovechamiento sostenible. Se está a la espera de los resultados, agrega Zamora.

¿Qué hace tan atractivo el consumo de hicotea? ¿Qué tanto se aprovecha este recurso? ¿Sopesa la ganancia económica de su comercialización el impacto que causa en el ambiente?

Jaime de la Ossa Velásquez, licenciado en Biología y especialista en Ecología y Medio Ambiente, con una maestría en Ciencias Biológicas, doctorado en Biología y decano de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de Sucre, sostiene que para poder entender lo que sucede con la hicotea hay que remontarse a épocas prehispánicas.

Durante el año, el tráfico de hicoteas se mantiene y su comercio disminuye después de la Semana Santa.

Explica que la cultura zenú y posteriormente la zenú-malibú tenían en su dieta el consumo de hicotea. Coincidencialmente, la época de reproducción de la hicotea y la Semana Santa están asociadas. Es la sequía, por lo que las hembras están ovadas y se preparan para anidar.

“Posteriormente, con la Colonia, se tiene conocimiento de que la Iglesia católica aceptó que se podían consumir estos animales junto con el ponche. En una bula papal de ese entonces, aproximadamente en el siglo 18, quedó establecido dentro de la cultura y de los cánones que se podía hacer uso del recurso”, recordó De la Ossa.

Cuestionable

Si se mira esta práctica desde diversos ángulos, los cuestionamientos convergen a su alrededor. En primer lugar, porque pese a que su consumo es reconocido como una tradición cultural, ahora, con los nuevos conceptos ambientales, es cuestionado.

“Vamos a una tienda y conseguimos pollo, carne y lo que necesitamos. Tenemos unos ingresos que nos permiten acceder a otros alimentos. La pregunta es: ¿yo que tengo todo seguro puedo decirle a un campesino o a un pescador que vive en un lugar remoto de la Mojana que no utilice el recurso?. Sería cuestionable”, sostiene De la Ossa.

Ambientalmente no se puede desconocer el impacto de su explotación, pues es cuestionable desde el papel ecológico que cumplen en el ecosistema: transforman materia orgánica de los diferentes niveles.

Por insignificante que parezca su aporte, anota De la Ossa, si se interrumpe se genera una ruptura en toda la trama ecológica, que es indiferente para los que se lucran de su comercialización.

Se valoriza

Su apetecido consumo las hace tomar un significativo valor, tanto así que su aprovechamiento anual, según un estudio de la Universidad de Sucre, está por encima del millón de individuos. En el mercado ilegal rinde ganancias excepcionales.

La oferta y demanda no determinan su precio; lo hacen la talla y la edad. En la cadena del tráfico ilegal, se evidencia que el menos favorecido es el cazador y los intermediarios se llevan los mejores ingresos.

“Es una diferencia bastante significativa en cuanto a los ingresos que tienen los intermediarios ilegales en el aprovechamiento del recurso, de lo cual no reditúa nada ni para el Estado, ni para las poblaciones naturales, ni la conservación,  ni mucho menos para la investigación”, enfatiza De la Ossa.

¿Por qué no producir hicoteas en vez de extraerlas de los medios naturales?.

*Identidad protegida por solicitud del entrevistado.

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Equipo de Redaccion

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Equipo de Investigacion encargado de encontrar y publicar información relacionada con el municipio de San Marcos Sucre y el acontecer de Colombia.

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