Entre las balas y la homofobia está el asesino de Charool Juliana

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Carina Navarro, abuela y madre de crianza de Charool Juliana, en la puerta de su casa, en el barrio San Rafael. En la pared, el aviso del sepelio con su nombre de pila.

POR: KARINA GONZÁLEZ

La historia de la discriminación sufrida por Charool Juliana, la transexual de 18 años asesinada en San Marcos, Sucre. Con su caso van este año tres crímenes contra población LGBTI en el municipio.

Charool Juliana tomó entre sus manos una sábana, trepó rápidamente el palo de mango del patio de la casa de madera donde vivía, la enrolló y se la enroscó en el cuello. Intentó colgarse después de atar el otro extremo de la tela a una rama, pero su abuela, alertada por sus nietas, alcanzó a correr hasta sus pies, la sostuvo con sus hombros e impidió que su impulso la llevara a la muerte.

En medio del desespero, una tía, tan ágil como lo era ella, subió al mismo árbol y cortó la tela. Enseguida, la muchacha de más de 1.75 centímetros de estatura cayó al suelo boca abajo, con la sábana en el cuello. “¡Maté a mi hijo, maté a mi hijo!”, empezó a gritar Carina Navarro, la abuela que a la vez fue madre de José Miguel Álvarez Santana, su nombre de pila, o Shaggy, como lo llamaban desde su niñez por su apariencia larguirucha como el personaje de pelo anaranjado de Scooby Doo, o Charool Juliana, como le agradaba que le dijeran luego de mostrarse abiertamente como transexual.

Los vecinos que acudieron ante los gritos y el ruido la llevaron enseguida hasta el puesto de salud. Pese a la presión en el cuello y al golpe que sufrió al caer, su estado de salud era bueno. Luego del episodio, estuvo un mes en un centro rehabilitación sicológica y siquiátrica.

El escenario de la historia de Charool Juliana, la transexual de 18 años asesinada el 13 de julio, fue San Marcos, Sucre, un municipio de 57 mil habitantes, distante unas dos horas de Sincelejo. Las camionetas tipo van de Cootranschipilín transportan a los viajeros entre la llamada cuna del porro cantao y la capital sucreña, en un recorrido que abraza Sahagún y Chinú, en Córdoba.

En San Marcos reinan las motos. A excepción de algunos carros particulares que hacen de taxis, el servicio público de transporte lo prestan los mototaxistas, a 1.000 pesos cada carrera.

La primera muerte

Los chiflidos constantes, las burlas y hasta persecuciones ocasionales que sufrió, en apariencia no eran tomadas en serio por Charool Juliana. La realidad era que muchas veces, al llegar a la casa de su abuela, se derrumbaba bañada en lágrimas. De la felicidad por haber hecho su primer cepillado de cabello podía pasar a la melancolía profunda, a la alegría quebrada por los dedos que la señalaban.

Tania Oyola Alemán lo confirmó. Quien hasta hace un mes laborara como técnica del proyecto Educando y Transformando para la Vida para población LGBTI, con apoyo internacional, era su amiga hacía dos años.

“Era apenas un adolescente, no tenía una mala conducta; por eso me extrañó y me dolió tanto su muerte”, asegura.

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Charool  le confió a ella que su sexualidad la asumió en privado a los 12 años, pero se la reveló a su familia solo pasados los 15. “Su abuela paterna, la que lo crió, lo apoyó; su papá, aunque se enteró después, también. Pero me decía que había personas en su familia que no lo aceptaban porque podía ser un mal ejemplo para los niños”, apunta Tania.

La versión coincide con la de la madre de crianza. “Recuerdo cuando me dijo: -mami, yo soy gay-, y yo le respondí: aayy no puede ser, no me digas eso, y lloré… lloré bastante, pero le dije que iba a estar con él”.

En el colegio las burlas también eran frecuentes. Así se lo contaba a Carina y a Tania. Incluso la amiga recordó que ella mismo le relató que en la escuela le ordenaron cortarse su melena negra.

Después del intento de suicidio decidió retomar los estudios en la jornada sabatina, para la validación del bachillerato, a la que apenas alcanzó a asistir el sábado antes del crimen.

Los padres, que no viven juntos, hablaron cada uno por su lado. Rocío Santana niega que la haya rechazado. Reposando en una silla, al lado de su hermana y de su cuñado, en el barrio La Candelaria, recuerda que dejó a su hijo con la familia del papá porque le era difícil sostenerlo en medio de sus precariedades, que a ella se le agravaron con la discapacidad que le causó el polio cuando niña.  Ahora tiene otra pareja y un niño que ya tiene cuatro años.

El papá, también de nombre José Miguel, vive en Barranquilla con su esposa y los hijos de esa nueva unión. “Yo le estaba cotizando lo que es el secador, la plancha y un espejo, para que empezara un negocio”. Dice que le pedirá a la Policía de Sucre aclarar el supuesto lío por violación de menores que le atribuyó a la transexual ya asesinada, del cual nunca conoció la familia.

Jairo Tejada, coordinador en la Institución Educativa de San Marcos, quien gestionó a pedido de la abuela de Charool Juliana su reubicación en la jornada sabatina para la validación del bachillerato, descarta que el colegio hubiese recibido quejas formales por discriminación, y niega que se le hubiese ordenado cortarse el cabello. “El sábado pasado lo único que le dije fue que se quitara unos aretes que tenía, incluso la abuela me dijo que tenía razón, que ella se lo decía pero que él nunca le hacía caso”.

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Los accesorios que usaba Charool: maquillaje gastado y los ganchos en la cabeza.

 

La última muerte

Carina Navarro vio a Shaggy tendida en la tierra en el sector de Tres Chorros, donde la mataron. La llamó por su nombre con la esperanza de que despertara de esa muerte que un día buscó y que en ese momento le llegaba de sorpresa, cuando caminaba mirando absorta los mensajes en su teléfono celular.

A ese sitio había llegado luego de jurarle a alguien que le cumpliría la cita, a las 8 de la noche, la hora en que la acribillaron. Eso le escucharon sus primas antes de que saliera con un suéter negro encajado y chaqueta blanca, a juego con el pantalón corto, su cabello corto peinado de medio lado, y su rostro con maquillaje tenue, como le gustaba. El teléfono desapareció de la escena del crimen.

“Tengo una alegría no sé ni de qué, mami, pero a la vez una preocupación. No sé qué me irá a pasar esta noche”, le dijo a la abuela antes de irse, ante lo que ella repuso: “No te va a pasar nada, confía en Dios, mijo”.

El caso de Paloma

 

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El 17 de junio de este año fue asesinado, en el barrio Las Maravillas de San Marcos, Elmer Mieles Tejada, su nombre de pila, o Paloma, de 28 años. Tenía tres meses en libertad luego de cuatro años en prisión por tráfico de estupefacientes.

Fue criada por su abuela, Berta Tejada, ante la muerte prematura de sus padres en un accidente. De vuelta en la libertad, Paloma se sostenía arreglando uñas y haciendo la limpieza en las casas y negocios que le encargaran. Ni Berta, ni Ana Gregoria saben quién la mató ni por qué, si tuvo que ver con su condición sexual o con sus problemas judiciales. Lo único que se atreve a decir la anciana menuda y morena es que “en este pueblo no gustan de los mari…”.

Antes de Paloma, en enero, ya había sido asesinada a golpes Enrique Flórez, su nombre de pila, o Camila. Su caso también permanece impune.

En alza: Violencia y sevicia

En el primer cuatrimestre de 2014 fueron asesinados tres miembros de la población LGBTI en la Región Caribe, mientras que en el mismo periodo de 2015 fueron 10, de acuerdo con la base de datos de la corporación Caribe Afirmativo.

Desde 2007 hasta la fecha el total de muertes violentas reportadas fue de 129.

Para Wilson Castañeda, director del ente, las estadísticas “dejan entrever, con preocupación, el grave estado de los derechos de estas personas en la Región Caribe, a pesar de todas las reivindicaciones y los logros obtenidos, en materia legislativa, aún existen personas y sectores de la sociedad incapaces de reconocer y respetar la diversidad sexual y de género”.

Resaltó que la mayoría de crímenes se ha caracterizado por la sevicia.

 

Nota aclaratoria: La familia se sigue refiriendo a Charool Juliana como un hombre. En este texto se respetarán los pronombres usados por la familia, amigos y otras fuentes en sus declaraciones. Sin embargo, vale la pena destacar que lo correcto es usar el nombre con el que el miembro de la comunidad LGBTI se identifica sexualmente.

 

Fuente: ElHeraldo.co

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Equipo de Redaccion

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Equipo de Investigacion encargado de encontrar y publicar información relacionada con el municipio de San Marcos Sucre y el acontecer de Colombia.

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