Entrevista, El Joe sigue siendo el Joe, Grande Por Siempre

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El Joe sigue siendo el Joe

“Yo dejaba la sinvergüenzura en la calle y cuando llegaba a la casa
me ponía la sotana. Tenía novias por todo el mundo”

Por Mauricio Silva


¿Con qué orquesta quisiste cantar y no pudiste?
Con el Gran Combo de Puerto Rico. Nunca me hicieron un guiño.

¿En ese momento eras consciente de que estabas al mismo nivel de los grandes?
Para mí el don de los demás es siempre más grande que el mío. Yo no me comparo con nadie, pero sí creo que estoy en la rosca.

¿Cuánto valía un toque de Fruko al final de los setenta?
15 mil dólares. Algunas veces hacíamos tres toques por día, lo cual significa que la banda hacía 45 mil verdes.

¿Alcanzaron a ser hippies?
Claro, “full afro” y que tal. Yo llegué a meterme a la secta Rosa Cruz, con túnica morada, cabeza rapada y todo. Pero me aburrí. El hippismo nos dio por las pintas y el amor libre. De hecho llegué a tener ocho hijos por cuenta de las giras. Era en realidad una doble vida porque ya en el hogar uno tenía que ser el hombre de la casa.
Yo dejaba al sinvergüenzura en la calle y cuando llegaba a la casa me ponía la sotana. Apenas salía otra vez, me la quitaba.


Yo tenía novias por todas partes del mundo. Recuerdo que un día llegué a Cúcuta a visitar una novia que había conocido el año anterior y me presentó un pelaíto que dizque era mi hijo. Y así muchas veces…

“Echao pa’lante,
en una sola baldosa bailé,
así recuerdo que te conocí mujer…”
Echao pa’lante

Desde el final de los años setenta El Joe Arroyo comenzó a acariciar la idea de conformar su propia “bandola”. Una vez lo decidió, se lo comentó a Fruko. De la misma manera, se lo hizo saber a varios músicos a quienes quiso reunir en su proyecto. Pero la salida fue lenta y el proceso de separación aún más complicado.

Foto del LP Fruko El Grande en 1975 donde aparecen Joe Arroyo, Fruko y Wilson Saoko.


Así que varios maestros desataron el rumor de que la orquesta de El Joe era una farsa y, entre telones, la bautizaron La Mentira.

Una vez se lanzó al agua, a principios de 1981, El Joe cobró por ventanilla. Su orquesta se llamó La Verdad.

“Los dos primeros años que pasé con La Verdad fueron muy tesos. Todo el billete que me había ganado con Fruko lo invertí en mi orquesta. Contraté a los mejore músicos del país, bueno, los que no estaban al lado de Fruko. Así que me llenéde una nómina costosa que me llevó a la bancarrota.

Y los contratos no me salían. Las vacas gordas se fueron”.

Pero la verdad triunfó. ¿Qué hiciste para sostenerla?
Comencé a grabar coros. Mi voz era tan apreciada que, allá atrás,desde el anonimato del coro, alcancé a grabar más de 500 canciones a principios de los ochenta. Grabé con todas las disqueras de Medellín: Victoria, Codiscos, Sonolux, Fuentes.

¿A quiénes les hiciste coros?
Grabé vallenatos con los Hermanos Zuleta, con el Binomio de Oro,cumbias con Juan Piña y con Mario Gareña.

Recuerda algunos temas…

Soy la primera voz en “El machete”, en “Me importa un carajo”, en “Francisco el matemático”, en “La cadenita”.

¿Grabaste algo que no fuera tropical?
Claro, primo. Grabé coros para Claudia Osuna, para Claudia de Colombia, para Oscar Golden y para Yolandita. Hasta hice la voz en “La cucharita”, de los Carrangueros. Muy cómico. Yo me ganaba la vida así y así sostenía mi orquesta.

¿Cuáles fueron los primeros éxitos de La Verdad?
“La rumbera”. De resto, todo ese principio me costó, hasta cuando saqué mi tercer album, Echao pa’lante.

“De rodillas te prometo que al vicio no vuelvo más/ yo seré honrado y honesto, me voy a regenerar”.

Patrona de los reclusos

La mañana del 7 de septiembre de 1983 los médicos desahuciaron a El Joe Arroyo. Entonces corrió el rumor de que el gran prodigio de Cartagena estaba muerto…

El parte médico dijo que fue por un problema de tiroides. La prensa dijo que fue un exceso de drogas. ¿Qué pasó?

No. A mí me dio tiroides retrospectiva pero yo nunca le paré bolas.

Es esa la tal tiroides retrospectiva que no engorda sino que enflaquece. La gente le atribuyó eso al vicio, pero no era verdad.
La gente me miró como un desechable, pero nunca miraron mis datos clínicos. Yo llegué a pesar 37 kilos, y sí, de hecho me desahuciaron. Recuerdo que vi un titular en el diario que decía que “El Joe murió”. Eso fue una película de terror. También había un locutor en Barranquilla que me mataba cada ratico. Tienen huevo, cuadro. Así es la vida pública.

¿Cómo te salvaste?
Los grandes endocrinólogos vinieron a estudiar mi caso y me dijeron que lo único que me podía salvar era el yodo radioactivo o, de lo contrario, una operación de la tiroides con la que podría perder la voz. Entonces comencé a tomar vasos de yodo, más tratamientos en una cámara hiperbárica. Eso fue lo que me salvó. De allí en adelante fue un año de vasos de yodo.

¿Cuándo volviste a cantar?
Apenas recobré fuerzas en la clínica. Me escapé en una silla de ruedas del hospital universitario. Yo no tenía cómo pagar la cuenta y el capitán Visbal, un personaje de Barranquilla, me visitó y me dijo: “Tu no te me vas a morir aquí, marica, tú te paras de la cama y te pones a cantar”. Recuerdo que yo tenía un pie hinchado porque me lo habían operado y me tocó volarme con un zapato talla 45.

Al otro día canté con los pies de payaso. Eso fue en el Carnaval de Barranquilla y así, imagínate tú, me gané el primer Congo de Oro.
Nunca más volví a la clínica. Todavía me buscan para que pague la cuenta.

¿Te sentiste morir?

Nunca.

Entonces vino el gran éxito de mediados de los ochenta hacia adelante…

Toqué el cielo. Empecé a pegar éxito tras éxito.

A ganarme todos los años el Congo de Oro, hasta que me dieron el Súper Congo. Hoy tengo18 Congos de Oro. En fin.

Todo se disparó con el álbum Fuego en mi mente que traía “La noche”, “A mi Dios todo le debo”, “En Barranquilla me quedo”: fue el más grande momento.

“Abusador que le pega a ella/
que el alma, que el alma,
que el alma se me revienta”.
Rebelión

Terminando los años ochenta El Joe Arroyo era el Dios de la música tropical en Colombia. En 1990 reunió a 115.000 personas en el Estadio El Campín de Bogotá para celebrar sus 20 años de vida artística. Allí volvió a alinear con Fruko, Saoko y Pimienta. Ese año, y los siguientes, hasta 1995, ofreció el mismo concierto en el Madison Square Garden de Nueva York con total éxito. El Joe se volvió leyenda. Su sonido se hizo irremplazable. Y sonó a Colombia.

¿Cuál es tu canción que le sigue dando la vuelta al mundo?
“Rebelión”. A donde voy me suplican: “No le pegue a la negra, no le pegue a la negra…”.

La primera vez que la canté en España, allá en el Ayuntamiento, con la Reina y el Rey a bordo, traté de acomodar la letra y dije algo así como: “Español con el alma tierna” y la gente me saltó y me dijo: “No, no. ¡Cántala como es, cántala como es…!”.
Entonces ahí sí la solté: “Español con el alma negra”. Desde entonces es el himno de mi canto.

Es casi como los himnos negros de Bob Marley…Sí, como confrontation.

¿Conociste a Marley?
¡Claro!, cuando estuve con Fruko en Londres, por allá a finales de los setenta. Yo estaba en los camerinos de un escenario y me llegó un olor bacano.

Yo me dije: “huele bueno, huele bueno…”, entonces me asomé y era el man. Me le presenté y el man me reconoció.
Cantamos juntos, nos fumamos un tabaco y nos hicimos muy amigos.
Recuerdo que estábamos en un hotel en el que salían fantasmas y Bob mamaba gallo (hacía bromas). Yo estaba “pelao” pero nos hicimos amigos.

Luego lo visité en Nueva York cuando ya estaba jodido. El y yo hablábamos mucho de nuestros temas en común.

¿Usted ha tenido conciencia de ser un líder negro?
Le voy a contar una historia. Yo me crié en el barrio Nariño de Cartagena donde viven la mayor parte de los palenqueros. Ellos tienen su dialecto que es el creole, una lengua senegalesa que yo aprendí. Pues bien, alguna vez fui a hacer una gira en España que terminaba en las Islas Canarias. Allí, en la isla más alta, un man me invitó a ver a través de un telescopio hacia la ciudad de Dakar, Senegal. Yo le dije que quería ir. La cuestión es que me fui para allá y me presenté gratis. Y canté “Yamulemau”, que es una canción de allá, de mi amigo Laba Sossesh.

Ahí me quedó claro que yo vengo del Africa. Yo tengo claro un triángulo: Africa, Jamaica y Cuba.

¿Qué es Yamulemau?

Niño del agua azul.

Luego yo le puse en inglés: “speaka, speaka, speaka now”, como para que pegara más. El autor, Laba, me dijo: “Me desbarataste el tema”. Y yo le respondí: “Lo que pasa es que tú la hiciste sólo para los africanos, yo la hice para todo el mundo”.

“Liberarse en la armonía, ¡qué
fascinación!, al compás del son,
al compás del son, al compás
del son, por cuenta del corazón…”.
Pa’l Bailador

Como pocos artistas del mundo, El Joe Arroyo se convirtió en una  figura única, original y auténtica. Nadie cantó como él, nadie bailócomo él, nadie compuso como él. Un extraño sonido en su garganta fue —y sigue siendo— su sello personal. Hasta los críticos tuvieron que inventarse el término Joesón para denominar su golpe, para ubicarlo en el contexto caribe, para comprender su arte. Un poeta espontáneo que nunca aprendió a leer el pentagrama.

Imperdonable no hablar del sonido aquel que sale de tu garganta y que parece el de un caballito.

Eso dicen, que es un caballito. Pues eso me salió en la playa. De niño siempre cantaba contra el viento, porque esa es la manera de crear resistencia en la voz. Allá lo saqué y, sí, es una contracción de mi garganta. En realidad es un sello mío que muchas personas han tratado de imitar. Quiero contarte que yo hice la de Caruso con mi grito: en un estudio de grabación partí una copa de cristal con mi voz.

¿Te consideras poeta?
Yo soy un gran poeta. Revisa canciones como “La vuelta” o “Somos seres” o “La guerra de los callados”, ese tema que hice cuando en una noche reventaron ocho bombas en Medellín. Hay muchos versos en mis canciones muy bonitos como: “Rompe tu risa el cristal de mi soledad”, de “Mary”; o “La agonizante luz, del crepúsculo borroso, el horizonte azul”, de “Fuego en mi mente”; o “Son mis sentimientos nobles que me asesinan, me acusan de ser rebelde en mi condición”, de “Por tí no moriré”; o “Ibamos los dos en un barco de vapor en
donde era yo el capitán de la ilusión”, de “Mama”. En fin, muchas…

¿Cómo te baja la inspiración?
La forma mía de inspirarme es bonita. Es cuando uno se está durmiendo pero todavía está consciente, allí me llegan unas ideas divinas, sublimes, que muchas veces se pierden. Desde hace mucho tiempo yo tengo una grabadora al lado de la cama y cuando llega, ¡zas!, le meto la idea. Y al día siguiente digo: “mierdaaaa, qué es esto”. Por ejemplo, “Catalina del Mar” me la soñé enterita. Igual que la soñé, así la escribí. Ahora, cuando yo me propongo a componer, no compongo ni papa.

¿Cómo le transmites a tus músicos lo que tienes en la cabeza? Con la voz. Al timbalero le digo: “Métele aquí pra que te, pra que te, pra que te, y los vientos: faaaaaaa ra ra, faaaaaaa ra ra y así””

¿Qué es el Joesón y cuándo empezó?


Para mirar bien atrás, empezó con la canción “Manyoma”, que es de Fruko, pero que tiene mis arreglos. Allí nació ese golpe, pero en realidad se hizo fuerte cuando yo llevaba cuatro años con mi banda.
Es un sonido que tiene soka, salsa, sonidos africanos, cumbia, brisa del mar y un 50% que nace de mí pero que no tengo ni puta idea qué es.

Tu voz tiene un timbre muy especial que puede saltar, como jugueteando, de una nota muy alta a una nota muy baja y viceversa.
¿Cuál es el truco?
Eso, tú lo has dicho, juguetear…

“Cómo da coraje cuando uno analiza lo que pasó. Pero fíjate que ya pasó, pero fíjate que ya pasó y me importa un poco…”.

La fundillo loco

En 2000, Alvaro José Arroyo estuvo a punto de morir en Barcelona. Una combinación de exceso de trabajo, diabetes, muy pocas horas desueño y neumonía, lo llevaron al borde del túnel. El Joe se alcanzó a despedir y le dijo a su corista Aníbal Velásquez: “Cuida a mis hijos”. Pero otra vez se salvó de milagro. Dos años más tarde, el niño cartagenero tuvo el peor año de su vida. Hoy sonríe otra vez.

¿Qué pasó en Barcelona?
Caí en un coma diabético mezclado con una neumonía. Teníamos presentación tras presentación, de ciudad en ciudad, de bus en bus, hasta que caí. Los médicos, otra vez, me desahuciaron. Yo volví a encomendarme a Dios y salí al otro lado. Me salvó que mi mujer de ese entonces, Mary Luz, me rescató y me trajo a Colombia.

Tiroides, diabetes, pies, pulmones, piel, estrés y rumba. Un cuero duro, ¿cierto? Así me dicen mis músicos.

En 2002 sufriste la muerte de tu hija (por un problema cardíaco) yde tu mamá. Tus músicos pensaron que ese sí era el fin.
Fue la tapa. En un solo año tuve la muerte de mi hija Tania, la muerte de mi madre Angela y la separación de mi ex mujer, Mary, lo cual significó que se desbarataba mi hogar. Estoy convencido de que todo lo que me pasa es porque Dios lo permitió. Entonces he entendido que yo estoy bajo su decreto. De la misma manera, pienso que todo lo que me pasa es para mi bien. Mira, yo tengo la vida del payaso, mi hija murió un 31 de octubre, día de las brujas, y yo cumplo el 1 de noviembre.

Al día siguiente tuve que cantar y me preguntaban: ¿De dónde viene El Joe? “Pues El Joe viene de enterrar a su hija y viene a cantar, con la bemba colorá”, dije. Eso es teso.

No hay un antídoto para eso.

¿Estás tranquilo?
Soy un tipo calmado, realizado y sumamente feliz. He tenido muchos tropiezos, pero soy feliz. Estoy muy satisfecho con mi profesión y con mi actual vida familiar. Mi esposa, Jacqueline, es mi mano derecha, casi que mi manager. Estoy de nuevo en paz.

¿Ves que venga por ahí otro Joe?
Pasarán 300 años para que Colombia vuelva a tener otro Joe Arroyo.

Y la volviste a sacar del estadio con “La fundillo loco”, ¿cierto?

Oye… El Joe nunca te olvida.

 

 

 
 

Fuente del Articulo: Rolling Stones

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